Con los rescoldos aún calientes en hígado, garganta, cabeza y corazón de la borrachera de ayer, surrealista y garrapatera, escribo ésta crónica...
Para empezar diremos que Madrid con lluvia es un caos: en cuanto caen cuatro gotas esta ciudad se vuelve más loca si cabe y deja de funcionar todo. En días de lluvia es cuando se ve meridianamente claro que estamos más cerca de Ougadougou (capital de Burkina Faso) que de una urbe europea.
Podemos continuar diciendo que llegamos tarde al concierto de
Los Delinqüentes... gracias a la labor quintacolumnista de Chamoy, que parece que no quería que fuésemos. Por suerte sólo nos perdimos el solo de guitarra de Raimundo Amador y
Nubes de pegatina... Por lo demás un concierto muy divertido, un fiestón: hasta arriba, sin parar de bailar, sudados, gente muy enrollada y casi dos horas y media de concierto. La acústica de
La Riviera no es para tirar cohetes, pero el concierto se escuchó muy bien (algo tendrá que ver que los de Jerez apenas si usan distorsión) y las colaboraciones estuvieron muy curradas: Raimundo Amador, Bebe,
La Excepción, Muchachito y Tomasito. Genial.
Tras el concierto, paseo comentando la jugada por Latina y Bailén y poco a poco nos aproximamos a la casa okupa dónde ahora vive Chamoy: el Patio Maravillas, en la calle Acuerdo, cerca de San Bernardo... En una palabra: IMPRESIONANTE. Se trata de un antiguo colegio con distribución de corrala y muy cuidado, con un bar genial de buen funky, unas cocinas enormes y un montón de actividades: guardería, mesón, taller de bicis y centro de reunión de
Bicicrítica (si, los de los paseos en bolas por Cibeles), local de ensayo para grupos, salas de danza, biblioteca, proyecciones de pelis... todo muy currado la verdad. Huelga decir que en su mayoría son unos perroflautas ilustrados y estúpidamente optimistas antropológicos, de esos que creen que se puede cambiar el mundo y salvemos a las ballenas y mierdas de esas. Esto casa muy mal con la idea plautiana del mundo -plagiada luego por Hobbes- que Puto y yo hemos convertido en nuestra (si hombre, lo de "
homo homini lupus"), pero bueno, ya se darán cuenta cuando se den tres hostias que NADA se puede cambiar y que lo que hay que hacer es ser lo suficientemente inteligente para saber que este mundo de mierda tiene cosas buenas que hay que disfrutar y que lo malo no lo puedes quitar pero siempre lo puedes rodear. Y si no se dan cuenta pues que se pasen la puta vida pegando carteles. A mi que me esperen en el bar.
En este punto la noche se me empieza a hacer oscura, tengo lagunas: Puto se va, Chamoy y yo bailando funk muy fuera del mundo, fregando el suelo del bar al cierre, un bar por Comendadoras en el que tomamos unos copazos y dónde recibo el sms de marras, todo un clásico este verano (efectivamente, habéis acertado: "vete de aquí, somos amigos y patatín y patatán"). Vale, pues amigos. Cogemos un taxi y nos vamos al
Candela, que necesito salir hasta perder el sentido. Pacharán va y viene. Creo que me ofrecieron yeso. Creo que acepté. Creo que Chamoy habló con su amiguita Eurídice y creo que está como una cabra la novia de Orfeo (todo muy de mitos, le encantaría a Robert Graves). Y así, comatoso, llegué a casa. Hoy día libre en el curro. A recuperarse. Esta tarde pasacalles por Malasaña con los de la okupa y luego a el bar de Patio Maravillas por la noche hasta que cierren. ¿Luego Lavapiés?. No se. Navegar.
Mientras escribo esto estoy escuchando un recopilatorio de
arias de Pavarotti, bonísimo. Hay dos que se me han clavado, tal vez por las sensaciones de la noche:
"Che gelida manina!" en
La Boheme (Puccini) y
"La donna è mobile" en
Rigoletto (Verdi). Que razón tienes compadre Verdi... si te acercas por el Patio Maravillas lo discutimos mientras bailamos funk.
La donna è mobile.
Con mi gente abajito del Sol.
¿Y la Flaca?. Hoy hablé con ella. Ni está ni se la espera. Pero es... en fin. Genio y figura.
Seguimos de buen humor. Rollo empatía cósmica. Que siga. El domingo ganamos al Barça, seguro.